Nos pasamos toda la vida luchando por alcanzar una meta, levantándonos cada día pensando en el sacrificio y acostándonos con el peso de la responsabilidad en la espalda. En el camino dejas de hacer cosas que deseas, abandonas una parte de tu vida para centrarte en lo que te han enseñado que tiene que ser lo importante, llegando a pensar que tal vez algún día la suerte permita al trabajo lograr tu sueño...
La verdad es que cuanto más pasa el tiempo más desilusiones encuentras, mayor es la caída, poco a poco consiguen debilitarte. Se puede pensar que todo está perdido que no merece la pena seguir, que todas aquellas palabras que ilusionaron tu vida sencillamente son mentira, es decir has perdido, ellos ganan...Lo que pasa que si algo realmente he aprendido en el deporte es ha tener orgullo, sí he tropezado muchas veces y he fallado aún más. Sin embargo existe una fuerza interior en el alma de cada persona que sólo con descubirla te permite ser feliz.
Hace poco volví a jugar, todo parecía perfecto, pero a la primera oportunidad vuelven a dejarte en el olvido y lo bonito es que tienes que vivirlo solo, entonces la rabia se apodera de ti pero sabes que las cosas se demuestran en el campo.
También quería destacar que no es tan fácil volver, se necesita un aliento, una motivación,un apoyo para seguir... esa persona es mi padre, sin él no sería nadie ahora mismo, no entendería que el deporte es vida, que el sacrificio y el esfuerzo hacen grande a la persona. Desde pequeño nos hemos levantrado a las nueve de la mañana para jugar en todos los campos de Madrid, en tierra, en cesped, en nieve, con lluvia... entonces saltabas al campo y solo le buscabas a él. Nunca me importó lo que pensara el entrenador, para mi la mejor opinión del mundo era la de mi padre, ahora lo he comprendido, cada vez que celebro un gol con él es cumplir mi sueño, esa es mi victoria, ese es el suspiro que me llena mi corazón de alegría...